Perdona cariño, pero me duele la cabeza…

El estrés es una respuesta natural que nos ayuda a hacer frente a situaciones que se nos presentan como una amenaza para nuestro bienestar o como una demanda que debemos resolver y en un principio no sabemos cómo.
Hasta aquí todo normal. Pero el problema viene cuando el estrés se manifiesta de una manera excesiva, o bien se cronifica o se da cierta desproporción entre la amenaza o demanda y la respuesta que damos ante ella. Es decir, sentir estrés no es nada malo, nos ayuda a adaptarnos al ambiente y a saber responder adecuadamente a las demandas del día a día, pero puede ocurrir que sintamos estrés demasiado a menudo, o con una respuesta muy grande aún cuando la situación no requiere tanta preocupación y alarma.
Entonces, ya estaríamos hablamos de una respuesta del estrés que no es funcional y adaptativa,  y nos traería problemas en nuestra vida cotidiana: nos quitaría el sueño, las digestiones se harían más pesadas, no tendríamos sentido del humor y no podríamos disfrutar del sexo ni nada que tenga que ver con el placer y el disfrute.

Algunos de los síntomas más frecuentes que suelen aparecer cuando el estrés se convierte en un problema, son:
 Nivel físico: falta de respiración, dolor de estómago, sudoración, palpitaciones, sequedad en la boca, temblores, tensión muscular, falta/aumento de apetito, diarrea/estreñimiento, cansancio excesivo, etc.
 Nivel emocional: inquietud o nerviosismo, temor o angustia, deseos de llorar, irritabilidad, preocupación excesiva, pensamiento catastrófico, dificultad para tomar decisiones o concentrarse, etc.
 Nivel conductual: tendencia a moverse, apretar las mandíbulas, comer en exceso, beber o fumar en exceso, insomnio, etc.
Ya os adelantaba antes que, cuando sentimos estrés, las actividades que tienen que ver con el placer, el disfrute o relax, son imposibles de alcanzar. Al fin y al cabo, el estrés nos prepara para actuar rápido a una demanda que requiere de toda nuestra atención y energía. Es como activar todas las defensas en una situación de emergencia, por lo que nuestra respuesta sexual queda totalmente anulada como podemos ver:
 Se presentan dificultades a la hora de generar o mantener la respuesta de erección en los chicos y de lubricación vaginal en las chicas.
 Se dificulta poder llegar al orgasmo, o simplemente poder sentir placer durante la relación sexual.
 Alteraciones en el deseo.
Eyaculación precoz, etc.
Esto no quiere decir que siempre que pasen estas cosas sea por culpa del estrés. Lo que sí es verdad es que vivir en una situación de estrés continúo o excesivo, hace que estos problemas aparezcan con mucha facilidad, y nuestro bienestar, tanto físico como emocional pueda mermar.
Ya sabemos, a grandes rasgos,  los síntomas que puede causar sufrir estrés de una manera excesiva. Lo que falta es estar al tanto de cómo manejar este tipo de situaciones para que no nos amarguen la vida… ¿Podemos disfrutar del sexo cuando tenemos un trabajo exigente, poco tiempo libre y un horario desestructurado? Seguro que sí…en el siguiente artículo comentaremos algunas ideas que podrán ayudarnos.

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